Primera lección. Alfred Eisenstaedt, Berlín, 1931.

 

Primera lección, Berlín, 1931, Alfred Eisenstaedt

¿En qué punto se comienza a hablar de una fotografía en la que el ojo se desplaza de un sujeto al siguiente en un movimiento circular? Quizás donde lo he detenido la primera vez: el rostro de la profesora.

Quiero pensar que tiene una sonrisa tan amable como el delicado abrazo con que sostiene la espalda de la niña.

Y es que son dos los gestos que inspiran la dulzura y el calor de esta imagen: la actitud protectora de la profesora y la manita abierta de la aprendiz. La mujer no está mirando al espejo ni a la postura que compone su alumna. Le mira la cara y observa su reacción ante el espejo, prueba en la que ella misma tendrá que ser, a partir de este momento, su más exigente examinadora. La niña sólo mira el pie extendido que intenta pegar a la otra pierna. Aún no controla el gesto de su mano, que pronto aprenderá a sostener con languidez, y abre los dedos buscando instintivamente un punto de apoyo.

Ninguno de los dos aparece con nitidez en la imagen reflejada.

¡Qué inquietantes son los espejos! En este caso, no multiplica las imágenes, como suele ser habitual, sino que aporta una información complementaria a la escena que observamos en primer término: de la pequeña bailarina, a contraluz, nos devuelve la imagen dulce de su precario equilibrio, protagonista de la fotografía virtual; la profesora queda oculta entre los rostros de la aprendiz y los del coro de compañeras, que sin aparecer en la escena real, adornan como un collar de perlas iluminadas, el ensayo de su amiga.

En el espejo, el rostro de la mujer se diluye entre los tules y aparecen radiantes y curiosas las caritas de las niñas. La fotografía no tiene gran nitidez. Sin embargo, y quizás por ello, mi mirada se ha detenido allí por primera vez: el rostro de la profesora, lugar en el que comienza y termina esta primera lección de baile.

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2 respuestas a Primera lección. Alfred Eisenstaedt, Berlín, 1931.

  1. Vanina dijo:

    Hermosa lectura!!!

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