Golfo de Nápoles. Paul Wolff (y 2)

Voy a procurar analizar las fotos que publico. Me olvidaré de la técnica del autor, de la historia de la foto, y me centraré en lo que me sugiere cada una de ellas. Sin pretensiones mayores. Es, sencillamente, un ejercicio de análisis.

Lo primero que me llamó la atención fue el uso de la sombra. Aquello que la produce, una celosía de madera, no aparece en la fotografía, y sin embargo, cubre como una tela extendida todos los objetos fotografiados, a excepción, lógicamente, del mar. El efecto del trenzado se potencia en el tejido extenso de la pamela: de color blanco, describe un óvalo perfecto y cubre un rostro de mujer, que nadie que contemple la foto puede imaginar que no es bello.

La sombra, además, extiende la proyección de una geometría ortogonal, que se deforma desde la rotundidad de los cuadrados de la pamela, a los rombos extendidos del mantel.

Es verano y hace calor. Lo sabemos porque la sombra es vertical, y porque la mujer no lleva jersey. La luz y el brazo desnudo nos obligan a fijarnos sin esfuerzo en su cadera rotunda, en la que además de nuestra vista se ha posado la sombra del enrejado. La falda es alta y se ciñe sobre la cintura que adivinamos estrecha.

A quien ha estado en la costa amalfitana, no le debe extrañar la postura de la mujer que mira el mar y se desentiende de la acción que está ocurriendo en la mesa. Quien ha visitado el golfo de Nápoles sabe que la tierra es un inmenso mirador desde el que admirar el mar. Y para remarcar ese espléndido escenario, un velero con el trapo desplegado.

El mar, la luz, el azul intenso que imaginamos. En contraste, como contrapunto a la extensa línea del horizonte, el grueso poste, vertical y oscuro, nos devuelve la vista a lo sombreado y centra la acción en lo que ocurre en el primer plano de la fotografía. A ello ayuda el barco desenfocado.

No es una foto de soledad a pesar de que la mujer está absorta mirando al mar. La mesa con los cubiertos extendidos, los numerosos platos, o el mantel que muestra las líneas de un plegado formal, nos dicen que está acompañada. No es en absoluto una imagen triste; es un almuerzo o una comida en la que cualquiera desearía participar. Ella está satisfecha de estar allí, protegida por la sombra, de ser una mujer que compite con la belleza del mar. El momento preliminar de una buena comida napolitana: pasta con verduras, aceitunas negras y pimienta, salmonetes, queso de postre, café negro y un licor de limoncello.

No sale en la foto, pero eso es lo que yo pediría.

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5 respuestas a Golfo de Nápoles. Paul Wolff (y 2)

  1. Me parece estupendo que lo hagas, no es fácil, creo.

    Un abrazo

  2. Hola José Luis ¡Aminaos y escribid!

  3. Inigo Jones dijo:

    Pues ella ha pedido una pizza Margherita y Lacrima Christi. Que lo sé yo.

  4. Inigo Jones dijo:

    BTW, si Nagore levantara la cabeza te haría repetir Descriptiva. Un óvalo perfecto, dice… las cónicas son elipse, parábola e hipérbola, con el círculo como caso singular. El óvalo es una aproximación a la elipse a base se segmentos circulares, con 3, 5, 7… centros, que nunca he entendido por qué se habla de números impares de centros, cuando
    son pares. Pero ese es otro tema que será contado en otra ocasión… Ende

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