“Carta de un estudiante de arquitectura” Stepien y Barnó

 

Nos hemos permitido, desde Stepienybarno, escribir este texto en una extraña primera persona, en nombre de miles de alumnos de arquitectura. Este artículo ha sido escrito con carácter divulgativo y sin ningún tipo de ánimo de lucro. 

Autores de la entrada: Stepienybarno http://www.stepienybarno.es/blog/2012/11/04/carta-de-un-estudiante-de-arquitectura/

* Stepienybarno está formado por Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó y desde mayo del 2009 estamos en la red con  la presente publicación digital (Blog) de arquitectura.

 

Soy estudiante de arquitectura, un estudiante sin nombre, porque, aquí y ahora, cómo me llamo no es importante. Creo que mis palabras representan a muchos estudiantes de arquitectura y eso sí que es  más importante. Para más datos, estoy en tercero y, tengo que reconocer que el bicho de la arquitectura ya se ha apoderado de mí.

Hoy, hemos recibido el enunciado de un nuevo proyecto.  Y ¿de qué se trata? Pues de realizar un museo de arte contemporáneo. Sí, como lo oís. ¿Un museo?! El mismo enunciado que hace 10 años y que hace 20… triste ¿no? Los tiempos cambian, la crisis pone patas arriba el sistema y a la arquitectura (y los arquitectos) la deja temblando, pero, en la asignatura de proyectos, seguimos pensando en museos.

Como digo son ya tres años de carrera y gracias a ellos he empezado a saborear la esencia de la arquitectura; veo el mundo distinto y, para mal o para bien, el mundo me ve distinto a mí. La mayoría de los que leeréis esta carta seguramente seréis arquitectos y bien me comprendéis si os hablo de largas noches de entrega, de profesores con el ego desbocado, de los planes que realizan mis amigos de otras facultades y que, ya, ni se molestan en contarme. Pero no quiero hablar de ello; hoy quiero quejarme. Sí ¡leches! quejarme por la desconexión de la escuela con la realidad. La universidad es como un inmenso elefante, cuyos movimientos son lentos, lentísimos, y  no se recicla de ninguna manera. Algunos diréis que la universidad no tiene que estar a expensas del “mercado”, pero esto ya se pasa de castaño oscuro.

También es cierto que, dentro de ella, tenemos la suerte de tener profesores, sobre todo jóvenes, que nos tratan con respeto y que nos ilusionan con sus asignaturas. Éstos, por lo que nos cuentan, tienen un pie dentro y otro fuera; están pendientes de rollos de certificaciones académicas y no sé que historias. De esta forma, no son los mejores profesores los que tienen el puesto asegurado; sorprendentemente, por lo menos para mí, son los que peor lo hacen ¡De locos! Éstos últimos viven en su torre marfil, inmunes a la realidad y a la crisis, pensando que todo puede seguir siendo como fue.

Muchos dicen que sobran escuelas de arquitectura y seguro que no les falta razón. Pero también es cierto que los que estamos dentro queremos tener opciones de ser arquitectos. Ya es tarde para echarme atrás, esto me gusta, y mucho. Sé que no hay trabajo, que la sociedad nos ve como nos ve, pero a mi nadie me puede impedir querer se arquitecto; es mi vida y lo va a ser para siempre. Quizás, peque de ingenuidad, pero es lo que toca con mi edad, pensar que puedo, que podemos, cambiar el mundo. La arquitectura es un servicio y yo soy un servidor. Algo más grande que yo está en marcha y quiero formar parte de ello.

Tal vez, muchos de vosotros dejasteis de soñar, pero no es justo que yo no tenga derecho a seguir soñando. Porque esta es, a pesar de todo, una carrera de sueños.  Sueños encontrados y sueños por encontrar. Un mundo mejor es posible y la arquitectura tiene mucho que decir en todo ello.

También es cierto que soy de otra generación; soy un nativo digital. A lo mejor a algunos os suena raro, pero es así. Esto no me preocupa, para mi es normal, es como ser rubio o moreno; lo que me preocupa es la brecha digital que existe. La gran mayoría de quienes toman las decisiones en esta escuela pasan olímpicamente de esta realidad. No les interesa entender que el mundo ha cambiado y que nosotros, los usuarios de estas aulas, nos merecemos unas clases adaptadas a la realidad.  Si me despierto tuiteando, me comunico desde Tuenti con mi gente, tengo un blog donde voy dando la murga con mis obsesiones y paranoias y pertenezco a más de 20 o 30, qué se yo, grupos de facebook; por qué mis profesores no hacen nada para que todo ello se integre en sus asignaturas. Bueno, para ser justos, algunos sí que hacen su esfuerzo y montan un blog de la asignatura; pero… hay tanto por hacer!!

Cuánta información disponible en la red que aumentaría mi conocimiento a un solo click de distancia. La red podría ser la extensión infinita de las limitadas pareces de mis clases. Existen miles de posibilidades de completar nuestra formación, por ejemplo, con una sencilla comunidad digital que nos ayudara a que los alumnos colaborásemos entre nosotros.

Con ello, no digo que lo más importante sea el entorno digital; nada de eso, sé perfectamente que la magia de la arquitectura se transmite cara a cara, y todavía mejor entregándome a las lecciones que la propia arquitectura, en vivo y en directo, nos brinda. Soy consciente de ello, pero hibridar ambos mundos es posible y además muy barato ¡perfecto para los tiempos de crisis!

Sin embargo, en vez de animarnos a colaborar entre nosotros, se siguen empeñando en enseñarnos a competir. Los codazos y los enchufes serán el pan nuestro de cada día en el “mundo real”, pero yo quiero un mundo más humano en el que las sinergias sean ese alimento de cada día. Tantas cosas… y seguro que pensareis tanta inocencia!!

Aun así, seguiré soñando con una escuela sin profesores subidos en la tarima, soltándonos chapas de dos horas sin descanso. Seguiré soñando con profesores que me hablen de los mejores blogs de arquitectura en vez del Croquis y demás. Seguiré soñando con trabajar como arquitecto, sin tener que ser por fuerza un falso autónomo; si para ello tengo que irme a la China, pues, muy a mi pesar, me iré. Seguiré soñando con profesores que además de ser buenos arquitectos, sean buenos docentes y consignan ilusionarme hasta si me hablan de los límites de Atterberg!

Quizás sea mucho soñar, pero si no sueño muero.

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Una respuesta a “Carta de un estudiante de arquitectura” Stepien y Barnó

  1. Inigo Jones dijo:

    Bonita carta. Hay una mezcla de frustración e ilusión que, en el fondo, da envidia. Eso que decïa en la Escuela de transformar la sociedad desde la arquitectura…
    Peeeero… Visto lo visto, casi prefiero que la arquitectura no transforme nada, que parece que lo jode. Y esa mezcla real de iluminados y a la vez anquilosados sólo me lleva a una conclusión: la arquitectura ha muerto.

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