“Por una causa justa” Vasili Grossman (6)

Por la noche el cielo era negro, como de antracita, con unas estrellas enormes, blancas y azules cual flores en primavera … Daba la impresión de que, si alguien hubiera golpeado aquella antracita celestial con un pico de minero, alguna de aquellas flores astrales habría caído en la tierra. Sin embargo, a nadie de allí abajo le preocupaba.

Al atardecer, el Volga se tiñó de una gran riqueza de colores . se volvió azul, rosa, y luego de cubrió de un ligero polvo nacarado con visos de seda gris. El agua serena del río exhalaba la frescura de la calma vespertina, mientras de la estepa seguí emanando calor.

A lo largo de la orilla, rumbo al norte y arrastrando los pies, caminaba un grupo de heridos con vendas empapadas en sangre; junto al agua tersa color de rosa había unos hombres medio desnudos, que lavaban sus calcetones y examinaban las costuras de su ropa interior en busca de chinches. No muy lejos rugían unos remolcadores que hacían rechinar sus ruedas en las piedras de la orilla.

– ¡Alarma aérea! – avisa el centinela.

El aire es puro, tibio y huele a ajenjo …

¡Qué bella es la vida!

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