“Un instante de silencio en el paredón” de Imre Kertész

“Patria” es, además, una palabra en la que realmente vale la pena detenerse un rato. Yo, por ejemplo, le tengo miedo.

… me di cuenta muy temprano que recordaba todo de otra manera y que mis ilusiones se distinguían asimismo de aquello que la patria exigía de mí. Esta diferencia considerada vergonzosa ardía en mí como un secreto y me excluía del altisonante consenso a mi alrededor, del mundo unánime de los hombres. Cargaba mi yo con un sentimiento de culpa y con una sensación de conciencia escindida hasta que – mucho más tarde – me percaté de que no era una enfermedad, sino más bien salud, y que cualquier pérdida quedaba recompensada por la lucidez y la ganancia espiritual.

¿Sabéis qué es la soledad en un país que se celebra a sí mismo, que vive en la efervescencia de su incesante delirio?

¿Patria, hogar, país? … Es posible que los seres humanos se den cuenta algún día de que todos estos valores son abstractos y que para vivir sólo necesitamos en realidad, un lugar habitable. Un lugar así probablemente merecería todos los esfuerzos.

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