“El fuerte viento del sur” (“Le Saigon” 5)

He tenido la sensación de ser el centro de un viejo cuadro, madonna que fuma bebiendo anís en una plaza cualquiera con fuente, arcángel y calor.

La brisa acabó y un aire fuerte del sur barre la plaza. El sueño de la mujer de la ventana, el juego de la dulce niña de la camiseta rosa, la sonrisa del camarero, tu miedo … las contraventanas entreabiertas que baten con fuerza golpeadas por el viento, anuncian un cambio de escena. El tiempo detenido, las miradas huidizas en los ojos cerrados por el polvo de esta tierra de flores, los pasos suaves de la niña, acompañan alborotados en el aire a las hojas acumuladas en alcorques y esquinas.

Y el calor abandona la piel canela de las mujeres.

Lejos, él estará con el teléfono entre las manos húmedas, manchando nervioso la pantalla impresa con millones de huellas digitales. No se atreve a hacerlo.

Deberían ser dos los sonidos de una llamada que yo no contestaría.

Dos sonidos necesarios para levantarme e irme sin mirar atrás.

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