“Le Saigon”

En la fachada sucia y amarilla del café Le Saigon en Folcalquier hay sentado un hombre con camisa verde, pantalones anchos bajo las rodillas y sombrero blanco. Va descalzo y sonríe cuando le miras.

El café Le Saigon está en una esquina de la plaza Saint Michel, bajo dos ventanas viejas con las contraventanas cenicientas siempre cerradas o abiertas a la vez.

En sus mesas se oyen los cuatro caños de la antigua fuente de agua non potable, que no son sino las gárgolas del pináculo de un contrafuerte de la antigua iglesia gótica.

No es bueno el café en Le Saigon, pero la brisa no lo sabe y cruza la plaza refrescando el aire caliente de La Provenza. Mueve unas plantitas de bambú que crecen desordenadas en un pequeño tiesto de arcilla clara, junto al hombre del sombrero blanco.

Tú lo mirabas todo, y yo a ti.

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